Serpientes en el paraíso – flora intestinal y cándidas

Hay muchas formas de explicar lo que supone toda la flora intestinal dentro del intestino, por su variedad, por su cantidad y por su importancia. Para mí la flora es como un universo, un pequeño gran universo del que yo soy responsable, yo lo alimento, yo lo transporto, y de mí recibe otros dones, de mis ansiedades o de mi felicidad reciben algo así como los mensajes divinos del creador. En otras palabras, que mis emociones también le afectan.

Pero si yo los alimento mal, si yo destruyo mi flora intestinal o la perjudico también yo salgo perdiendo. Podemos imaginar nuestro pequeño universo como una gran megaciudad, o como una gran jungla llena de infinidad de especies, algunas de ellas están allí desde el principio de los tiempos (desde que salimos de nuestra madre) pero otros han entrado por diversos caminos, y algunas de esas especies no son buenas, pueden ser como serpientes, especies nocivas y dañinas, como los parásitos, o como algunos microbios oportunistas.

En el intestino existe también todo un complejo sistema de protección, un sistema inmunitario, además de una infinidad de nervios que constituyen algo así como un cerebro, y de hecho a nuestro intestino se le ha dado en llamar como nuestro segundo cerebro.

A través de ellos, sobre todo de los nervios, también esos pequeños, minúsculos seres se comunican con nosotros. Y mientras, infinidad de sustancias transmisoras son fabricadas por nuestra flora o por nuestras células, sustancias capaces de subir nuestro ánimo o de sumirnos en la tristeza.

Así es, también los pequeños microbios de nuestra flora pueden condicionar nuestras emociones, a través de los neuro-transmisores, que ellos mismos fabrican, afectan a nuestras emociones y a nuestro comportamiento.

Pero en realidad son esos parásitos los que más daño nos hacen, pero no porque fabriquen alguna sustancia especial (que también lo hacen) sino al contrario, porque nos las roban.

El ejemplo más característico está en los hongos, y el caso más conocido seguramente sea la cándida. ¿quién no ha oído hablar de la cándida? Un dichoso hongo que se alimenta del azúcar que consumimos (por ello una de las formas de tratarlo es matarlo de hambre prescindiendo de dulces) y que se nutre también de muchos de esos neurotransmisores que se fabrican en nuestro intestino, provocando, al robárnoslos, infinidad de efectos, y tal vez uno de los más evidentes sea la depresión.

Sí, imagina que un minúsculo microorganismo, reproducido en cantidad de miles o millones, te absorbe poco a poco la vitalidad, el ánimo y, al fínal, las ganas de vivir, ¿lo crees posible?, bueno, tal vez lo dudes pero igual podrías sorprenderte….